"No he visto mariposas por aquí" escribe un niño que vivió en Terezín, una antigua fortaleza militar del norte de Bohemia que se convirtió en uno de los muchos elementos de engranaje que utilizaron los nazis para llevar a la práctica el exterminio de los seis millones de judíos europeos. Miles de personas vivieron en Terezín (Checoslovaquia) de 1941 a 1944, casi todos de paso hacia Auschwitz. Muy pocos sobrevivieron.
Pero es especial el testimonio que hoy nos llega de los niños. Nos ofrecen una visión distinta, porque su extraña manera de poder no entender la realidad, les hace construir una vida imaginaria, soportando así el hacinamiento, el hambre y la falta de libertad. Al fin y al cabo ya habían conocido la humillación; habían sido expulsados de sus escuelas, les habían cosido el pecho con estrellas, y sólo les dejaban jugar en los cementerios. De los 15.000 niños que pasaron por Terezin sólo 100 regresaron vivos.